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Stealthing: ¿cuando se rebasa la relación sexual consentida?

Un término nuevo llega a diversos juzgados de España y aún no se conoce bien su definición, es el denominado “stealthing” y más que un anglicismo extraño lo que significa, literalmente, es “en sigilo” o “secretamente” y que no viene a ser más que cuando un hombre se quita el preservativo mientras mantiene una relación sexual a pesar de haber acordado con su pareja usarlo.

Así expertos en estos temas, como Katie Russel, de la ONG Rape Crisis, indica que “siempre me sorprende cuando le ponen nombres como este a cosas que efectivamente son sólo otra forma de asalto sexual” en referencia al “Stealthing”.

Igualmente añade que “si alguien da su consentimiento a un acto sexual específico con el uso de anticonceptivo y tú cambias los términos de ese acuerdo en medio del acto, eso es una ofensa sexual. Darle un nombre como stealthing hace que suene relativamente trivial. Es un término muy aceptable para algo que es extremadamente inaceptable y que de hecho es un acto de violencia sexual”.

Y es que en Sevilla se tiene ya una sentencia sobre un caso de stealthing cuando la Audiencia de Sevilla emitió la segunda condena en España por esta práctica sexual siendo el acusado a cuatro años de cárcel por abuso sexual y otros seis meses por un delito de lesiones.

Se da la circunstancia que el acusado contagió a su pareja una enfermedad sexual, la llamada “chlamydia trachomatis” precisando de tratamiento médico. La relación que mantenía con la mujer, desde el mes de abril de 2017, era con un móvil sexual, normalmente en el interior, en una de esas ocasiones, según la sentencia de la Sección Cuarta, en un aparcamiento de la avenida de la Paz en la capital hispalense.

El condenado era conocedor que padecía una infección en sus órganos genitales y así se lo comunicó a la mujer accediendo ésta a mantener las relaciones sexuales con preservativo facilitándolo ella misma dentro de su envoltorio.

Pero el acusado no llegó a ponérselo pese a ser “conocedor y consciente de la alta probabilidad de transmitir a su pareja la enfermedad para la que seguía medicándose”, por ello los jueces le impusieron seis meses de prisión por un delito de lesiones y el pago de 13.000 euros de indemnización a la víctima.

Lo que piensa el que practica el stealthing

Con respecto al stealthing una persona que lo practica con asiduidad indicaba que “no deseo que se queden embarazadas, así que no dejo pistas para que no me llamasen. Hay riesgo, pero lo asumo, hay mucha gente que quiere hacerlo a pelo, yo me lo saco, lo tiro y luego al final me lo pongo de nuevo. Y así todos somos felices” a la par que indica que muchas de sus parejas sexuales no se dan cuenta. Al respecto matiza que “ninguna se ha enfadado, pero si alguien me pide que me lo vuelva a poner, lo haré seguro; es lo justo”.

Lo normal que le han dicho sus parejas es: “¿te importa volver a ponértelo? Es más seguro”. Pero este tipo de prácticas es considerado como una “violación” aunque él piensa que “me pongo un preservativo y luego me lo quito; no creo que esté violando la ley”.

Alexandra Brodsky publicó un informe en el Columbia Journal of Gender and Law dando visibilidad a lo que el ‘stealthing’ en una lucha para que sea catalogado como forma de agresión sexual y sea juzgado como tal. “Lo que quería con este estudio es poner nombre y protagonistas a esta tendencia que se repite con demasiada frecuencia.

Hasta ese momento había un sólo antecedente con una condena por violación por parte de un tribunal de Suiza de un hombre que se quitó el condón sin decírselo a su compañera. “Hay muchos jueces que no saben que esto ocurre de verdad. Me gustaría que hubiese una ley dedicada a condenar estos actos, ya que aunque no sea violación, las víctimas se sienten así” explicaba Brodsky.

En España

En España hay precedentes pues el pasado 10 de mayo se daba la primera sentencia en España sobre este particular. El Juzgado de Instrucción 2 de Salamanca condenaba a un hombre como responsable de un delito de abuso sexual, sin concurrencia de circunstancias modificativas de la responsabilidad criminal, a la pena de 12 meses de multa a razón de 6 euros de cuota diaria, es decir, 2.160 euros.

Como responsable civil debía pagar la cantidad de 900 euros a la mujer como indemnización por todos los daños y perjuicios causados y 101,41 euros a la Gerencia Regional de Salud de Castilla y León como indemnización por los gastos sanitarios generados.

Dentro de los hechos probados se tiene que el “hombre se encontraba en su domicilio particular junto a la mujer, y tras acordar ambos mantener relaciones sexuales con empleo en todo caso de preservativo, y en el curso de las mismas, tras hacer uso de un primer preservativo y colocarse otro, él se quitó el segundo preservativo sin conocimiento ni acuerdo previo por parte de ella, y continuaron las relaciones sexuales entre ambos con penetración”.

Cuando la mujer supo lo que ocurría abandonó el domicilio y regresó a su casa tras denunciar en la Comisaría del Cuerpo Nacional de Policía en Salamanca a su pareja. Según el Juzgado de Salamanca esta conducta sexual (“stealthing”) “no constituye delito de agresión sexual al no concurrir los requisitos de violencia o intimidación que exige el artículo 178 del Código Penal y, por ende, tampoco constituye delito de violación conforme al artículo 179 del Código Penal. No obstante, el “stealthing” se incardina en el tipo básico del apartado 1 del artículo 181 del Código Penal en cuanto sanciona que “el que, sin violencia o intimidación y sin que medie consentimiento, realizare actos que atenten contra la libertad o indemnidad sexual de otra persona, será castigado, como responsable de abuso sexual, con la pena de prisión de uno a tres años o multa de dieciocho a veinticuatro meses”, al poder considerarse que se ha prestado pleno consentimiento a mantener relaciones sexuales usando preservativo, y la posterior retirada sigilosa del profiláctico se realiza sin consentimiento, lo que atenta contra la indemnidad sexual de la víctima, quien consintió el acto sexual únicamente con las debidas garantías para evitar embarazos no deseados o enfermedades de transmisión sexual”.

En Barcelona

En Cataluña encontramos otro caso donde la Fiscalía pidió cuatro años de prisión para un hombre juzgado en la Audiencia de Barcelona por un delito de abusos sexuales cuando se quitó el preservativo cuando mantenía una relación sexual, ello sin consentimiento de la pareja.

La denuncia fue presentada por una mujer, de nacionalidad estadounidense, tras la relación sexual con un joven tras un festival de música de Pineda de Mar (Barcelona), el 5 de julio de 2019. De mutuo acuerdo se trasladaron a la habitación de hotel de Calella (Barcelona) en la que se alojaba el acusado para mantener relaciones sexuales, la mujer le pidió que usara preservativo y le entregó un condón, según sostenía la Fiscalía en su escrito de acusación.

El acusado se colocó el profiláctico pero tras unos minutos ella notó que no lo tenía puesto y se asustó pidiendo al joven que dejara de penetrarla, pero él continuó. “No, sin condón no quiero”, le dijo la denunciante pero él siguió. El argumento del acusado fue que “no pasaba nada” y que él estaba “muy limpio” y en otras relaciones nunca “habían tenido problemas”.

Lo contradictoria llega cuando el acusado aseguraba que no se quitó el preservativo adrede, sino que se le cayó ya que perdió la erección avisando a la mujer de lo que había sucedido

Al bajar del hotel la mujer encontró a una patrulla de la policía, pero la mujer se fue en el taxi sin decir nada a los agentes, fue horas después cuando lo denunció: “no quería hacerlo delante del muchacho, estaba asustada”.

En el Código Penal

La defensa pidió la absolución ante el tribunal por considerar que quitarse un preservativo de forma unilateral no es un hecho que tenga “cabida” en el Código Penal español, remitiendo la  sentencia de la Audiencia de Madrid que no consideró delito en un caso de “stealthing”.

El caso de Sevilla

En el caso de Sevilla consta acreditada en losautos del Procedimiento Sumario Ordinario 5/2018, Rollo 5410/2019actuando bajo la dirección letrada de José Manuel Carrión Durán, de Isbylex Abogados. Se notificó la sentencia 375/20 de 29 de Octubre de 2020, por la que se condenaba a J.A.D. por un delito de abuso sexual, del artículo 181.1 del Código Penal a la pena de cuatro años, cuando las acusaciones habían presentado sus conclusiones definitivas calificando los hechos por un presunto delito de agresión sexual de los artículos 178 y 179 del Código Penal, siendo condenado, igualmente, a un presunto delito de lesiones del artículo 147.1 del Código Penal a la pena de 6 meses de prisión, además de las accesorias y responsabilidades civiles expuestas en la sentencia.

Ante ello se ha presentado recurso entendiendo que la sentencia dictada no conforme a derecho y gravosa para los intereses del acusado. Además se apoya en una sentencia la sentencia de 29 de diciembre de 2009 de la Sección Séptima de la Audiencia Provincial de Madrid, ya declaró probado, en un supuesto similar al de la sentencia recurrida que no existía el delito de abuso sexual del artículo 181, hoy considerado “stealthing”. Decía dicha resolución:

Los hechos que se declaran probados no son constitutivos de los dos delitos de abuso sexual por los que la acusación particular ha formulado acusación respecto de Justino .

El art. 181 del C. Penal define el abuso sexual como el cometido por quien, sin violencia o intimidación y sin que medie consentimiento, realiza actos que atenten contra la libertad o indemnidad sexual de otra persona y si el abuso sexual consiste en acceso carnal se prevé para el acusado en el art. 182 la pena de prisión de cuatro a diez años, es decir, en este segundo precepto se cualifica la conducta en función de la gravedad del ataque contra la libertad sexual cometido.

En el supuesto sometido a enjuiciamiento en el que el Ministerio Fiscal no ha dirigido la acusación contra el procesado, la acusación particular le acusa de dos delitos de abuso sexual, es decir, de haber realizado actos que atentan contra la libertad sexual de Verónica, en concreto de haber llevado a cabo dos penetraciones vaginales, en un caso sin su consentimiento y en el otro cuando ella se hallaba privada de sentido, puesto que estaba dormida.

Entiende la acusación particular que el procesado cometió un primer delito de abuso sexual cuando penetró vaginalmente a Verónica sin utilizar preservativo pero esta primera penetración de las dos que refiere Verónica tuvo lugar sin su oposición.

Según se desprende del relato de lo sucedido que ha efectuado Verónica en el acto del juicio, se encontraban ella y Justino en la cama, desnudos y manteniendo lo que ha descrito como un juego sexual y en el curso de este juego él se colocó encima de ella, sin tener puesto preservativo, y la penetró y es entonces cuando ella le dice que no, cuando ya la penetración se había producido. En este caso Verónica no se opone a la penetración antes de que esta se produzca, puesto que está manteniendo una relación sexual con el acusado libremente, sino que se opone a la penetración que ya ha tenido lugar porque el acusado no se ha puesto previamente un preservativo.

No puede decirse que en este caso el acusado penetrara a Verónica sin su consentimiento y que sea por ello autor de un delito de abuso sexual y ello aun cuando supiera que Verónica quería que utilizara preservativo y él no se lo hubiera puesto.

Esta conclusión no se ve alterada por el contenido del informe pericial relativo a al análisis de restos biológicos ya que este Tribunal si considera que ha quedado probada una primera penetración, sin oposición de Verónica, que podría explicar que tanto en el lavado vaginal que le fue practicado a Verónica, como en la torunda con muestra vaginal y en la braga tanga que llevaba cuando ocurrieron los hechos, se acreditara la presencia de espermatozoides cuyo perfil genético coincide con el del acusado.

Por todo ello, en el recurso se añade que no puede no existir ADN de J.A.D. en el envoltorio y en el preservativo si en los hechos probados consta que este lo manipuló y así lo afirma la denunciante. En este sentido la denunciante A.L.J. presentó un preservativo distinto al que fue utilizado aquella noche para que se pudiera observar que no existía semen en el mismo porque no fue utilizado, según su versión, pero se olvidó de que con la manipulación del mismo debía constar, al menos y también, el ADN del acusado y no sólo el de ella dotando al relato  de inverosímilitud y la ausencia de credibilidad del testimonio cuya persistencia se cae por su propio peso ante la prueba referida. Siendo sólo una parte de lo que expone la defensa realizada por José Manuel Carrión Durán.

Ello sin entrar a valorar aún el informe del antígeno prostático y los demás informes que reiteran la inexistencia restos de ADN masculina en las tomas realizadas a la presunta víctima.

Igualmente son muy cuestionables las afirmaciones de la denunciante A.L.J. que en su declaración decía: “Rectifico, no lo vi, no lo recuerdo. Ahora mismo no lo recuerdo”.

Recordándolo con claridad el día 24 de Julio de 2017 en su segunda declaración policial (f.56 a 61): “Que José abrió el envoltorio de dicho preservativo y que lo llevó a sus genitales, pensando la diciente que efectivamente se había puesto dicho preservativo previamente a la penetración”.

Igual de contradictoria resultó la versión aportada en la vista sobre la ubicación del preservativo tras el incidente, ya que con claridad declara en su denuncia de fecha 22 de Julio de 2017 (f.1): “Que la denunciante se da cuenta que efectivamente José tiene entre una de sus manos el preservativo”.

Igual de inverosímil es cuando, sobre el preservativo, deja de manifiesto sus dudas la denunciante cuando afirma: “Yo no se lo vi. No” o  “No lo llevaba en la mano porque el preservativo estaba fuera del coche. Cuando él se marchó yo lo cogí”.

La defensa del acusado indica que el preservativo pudo, como de hecho ocurrió, perder su lugar en un cambio de posición, y fue en este preciso momento, cuando la denunciante sí notara la diferencia sensitiva, decidiendo parar primero ella, y resolviendo igualmente mi defendido ante la constatación de que, efectivamente, el preservativo se habría desprendido. Así lo manifiesta J.A.D: “Ella me dio un preservativo. Lo abrí, me lo puse, tuvimos relaciones sexuales, y a la hora de cambiar de postura, ella a la hora de incorporase se me quedó el preservativo en la mano”.

Ella una vez que iba a cambiar de postura. Ella estaba tumbada y yo encima de ella. Ella estaba tumbada entera y a la hora de incorporarse pues se salió el preservativo. Ella me lo vio en la mano y dijo que yo no me lo había puesto. Yo le dije varias veces que si me lo había puesto”.

Del relato aportado por la denunciante, no queda acreditado en modo alguno que mi defendido obviara el uso del preservativo.

Otro hecho esclarecedor lo pone el lavado vaginal:

“En el lavado vaginal extraído de Anabel al tiempo de ser asistida ya al día siguiente se encontró antígeno prostático (folios 203 y 204), lo que apunta a la presencia de líquido seminal algo que resultaría imposible de haberse realizado la penetración con la barrera física que supone el preservativo y que revela que dicha penetración tuvo lugar, ya desde el principio, sin utilizar el expresado medio. Nuevamente este dato objetivo y contundente no ha merecido la mínima explicación del acusado.”

Al respecto del citado informe, el S17-03557-B00 (folios 203 y 204) es determinante destacar que al folio 204 de las actuaciones consta la:

CONCLUSIÓN: No se han observado cabezas de espermatozoides en ninguna de las tomas vaginales practicadas de A.L.J., si bien el resultado positivo en la prueba de antígeno específico de próstata (PSA) no permite descartar la presencia de líquido seminal en la misma.”

La ausencia de ADN masculino es parte del informe así como de las muestras examinadas fueron las entregadas según los formularios obrantes en los folios 12 y 13, tomada a  A.L.J. por el Doctor Fermín Alarcón y, no cabe dudas, “que al no existir ADN masculino en las mismas se descarta la existencia de que J.A.D. no utilizara preservativo, pero, que, el utilizado, no es el que aportó la denunciante”.

En este caso se espera que se tenga en consideración el recurso. La Audiencia de Barcelona absolvió, por falta de pruebas, al hombre que afrontaba cuatro años de cárcel por un delito de abusos sexuales por quitarse el preservativo en el transcurso de una relación sexual, sin consentimiento de la pareja.

En su sentencia, la sección tercera de la Audiencia concluyó que no había pruebas de que el acusado se quitara el preservativo de forma intencionada durante la relación, ni de que su pareja exigiera que usara condón como condición sine qua non para mantener relaciones sexuales con él.

De esta forma, con contados casos en España –por el momento- el “stealthing” ha llegado a los Juzgados de España en una acción que apenas ha sido castigada por la vía penal.

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